TARDES QUE SE VISTEN DE ROSA

El abrazo ausente grita el anhelo que perfora con su vacío tan lleno de nada, que duele y vence las ganas de no extrañar. Mejor es la amnesia, y creer que las cosas se acaban, como los besos que no se dan, los suspiros que se avientan por la ventana, hasta las tardes que se visten de rosa y que no volverán.

H.S.



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