SOY LA CASA


Archivo personal H.S.

En los lugares de ayer echo raíces. Los años agrietan los muros y deterioran las cosas envueltas en telarañas de olvido que se amañan en los rincones del pensamiento. El tiempo se acumula sobre los muebles, viejos testigos de las historias que invento. Entonces, viene la infancia ausente y erosiona todo con su inocencia hasta que la piel también se endurece. Solo una vez se es joven. Saber todo lo que no se dijo, ser cómplice de sueños y desperdicios, estar presente en la luz y en la caída oscura, ser morada para el forastero y un refugio para los desolados. 

Hay un fulgor materno dispuesto a aliviar los dolores con su amor humilde y a medio hacer, guarda la sabiduría de los años: sabe escuchar, sabe esperar. Algunas veces tengo que distanciarme como si no perteneciera y otras veces estoy más cerca de mí que de los muros y del abandono que también resulta ser el mío.

Sin embargo, pareciera que es ella la que me habita y se acomoda en las esquinas de mis huesos, como si fuera el reflejo de mis tristezas. Entonces, me anido en el mundo asumiendo el desarraigo de No Ser, pues solo Soy desde la nostalgia del desterrado que no sufre la ceguera de lo cotidiano. Una puerta, es solo una puerta si se le acaricia con los mismos ojos, solo así me desprendo de la mentira de lo concreto. No duermo en la misma cama. Cada noche, soy una extraña que irrumpe su desnudez. Atravieso las puertas de siempre y guardo sus secretos cuando salgo de un lugar en el que nunca he estado. Desalojo el templo y mudo de piel a ningún lugar y a todos a la vez. Solo entonces, Soy la casa y quien la habita.

H.S.



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