EL GATO QUE ESTÁ TRISTE Y AZUL
El gato que está triste y azul me sobrecoge, me abraza en una emoción desolada y tierna, casi sublime. Debe ser porque me recuerda a mi papá quien gustaba de Roberto Carlos y su música. Entonces, a mí me estremece la nostalgia, por mi papá ausente, por sus notas azules. Sin duda es una composición que te atraviesa, reconstruyendo tus mundos pasados, tiempos precisos, anhelos desvanecidos, ausencias declaradas.
Así es como esta canción me produce un remolino de emociones que no me caben en el cuerpo, para luego recluirme en la memoria de mi historia y allí me quedo, flotando entre armonías y silencios hasta que se termina la melancolía hecha música.
Y cuando finalmente se acaba, despierto, vuelvo a la partitura del mundo, doy gracias por haberme llevado de regreso a la casa donde reacomodo las piezas de este engranaje, escribiendo las notas agridulces de una pieza musical con final abierto.
H.S.
H.S.


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