CUANDO ELLA CANTA
-No me dejes sin tu verdad- le supliqué que se quedara. Pero solo sonrió y huyó por la ventana.
Las piedras continuaron amontonándose, restándole espacio a la vida. Y mientras tanto, intentaba fugarme entre los barrotes del pensamiento. Sin embargo, después de luchar a muerte contra una verdad infalible, no logré escapar del espejo.
Con el tiempo, aprendí a edificar mis propios castillos. Ella a veces me visita cuando cesa la marea. Cuánto quisiera que se quedara más tiempo sonriéndome desde la ventana. Cuando ella canta, soy libre al fin.
H.S.



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